viernes, 3 de marzo de 2017

PoeSíA de FRacTaleS

Siempre digo en broma que, si la literatura no hubiera estado inventada, esta sociedad no la hubiera inventado, porque no le hubiera sido nada sencillo ni necesario inventar una práctica donde un sujeto, aislado en su casa, escribe sin ninguna necesidad de ninguna otra forma social ligada a la ganancia o al valor; que se dedica sencillamente a escribir textos. La literatura es una persistencia que esta sociedad debe soportar y la sociedad intenta sacarla del medio. (Ricardo Piglia)


He leído un libro tan bello y persistente que lo considero de lectura necesaria en esta sociedad y en cualquier otra que invente o no a sus escritores/lectores. Se llama Diario Ínfimo y lo ha escrito Mercedes Roffé. Os dejo mi pequeña reseña a modo de homenaje...

jueves, 2 de febrero de 2017

uNA lecTura de "La APUESTA"

Una lectura de “La apuesta”, de Dionisia García

(LA APUESTA, Dionisia GarcíaXXX Premio de Poesía Barcarola
Nausícaä . Colección La Rosa Profunda. Albacete 2016.)

martes, 17 de enero de 2017

MediTErráneo


El Mediterráneo de cuando éramos niños, con sus grandes toallas de colores y su olor a mariscada. El Mediterráneo de nuestros primeros besos y de los septiembres tristes. Ese Mediterráneo donde nacieron las civilizaciones y las lenguas madres, donde se bañaron nuestros tatarabuelos y podrían seguir bañándose nuestros tataranietos. Ese mar cerrado que sin embargo nos abre a los otros. El mar de los turistas color cangrejo y de las carabelas fenicias. El mar de las utopías, de las mitologías, de las epopeyas y de las odiseas.

Tenemos tanto que decir sobre el Mediterráneo. Quienes nacieron a sus orillas, quienes nos criamos en su regazo, quienes lo cruzaron agonizando y quienes sucumbieron. Tenemos tanto que decir sobre el Mediterráneo.

Tenemos tanto que lamentar sobre el Mediterráneo. Quienes contaminan sus aguas, quienes emponzoñan su cultura, quienes pisotean su historia, quienes tergiversan su presente, quienes saquean sus tesoros, quienes descargan su munición, quienes rearman a sus ejércitos, quienes callan y otorgan, quienes hablan manteniendo equidistancia. Tenemos tanto que lamentar sobre el Mediterráneo.

Entre todos lo estamos matando y entre todos podríamos salvarlo. Nadie parece comprender que está en nuestras manos. Que él es el camino de Itaca. ¿Cómo resignarse a olvidar las palabras de Kavafis? Y, sobre todo, ¿por qué olvidarlas? ¿Para qué? ¿No son ya suficientes los ahogados, los mutilados, los desarrapados? ¿Hay que seguir viviendo la pesadilla diseñada por quienes no saben soñar ni compartir la realidad? El mensaje está escrito: no debemos temer a los monstruos si no están dentro de nosotros. ¿Comprenderemos al fin qué significan las Itacas?

Cuando emprendas tu viaje a Itaca 
pide que el camino sea largo, 
lleno de aventuras, lleno de experiencias. 
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes 
ni al colérico Poseidón, 
seres tales jamás hallarás en tu camino, 
si tu pensar es elevado, si selecta 
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo. 
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes 
ni al salvaje Poseidón encontrarás, 
si no los llevas dentro de tu alma, 
si no los yergue tu alma ante ti.
Pide que el camino sea largo. 
Que muchas sean las mañanas de verano 
en que llegues -¡con qué placer y alegría!- 
a puertos nunca vistos antes. 
Detente en los emporios de Fenicia 
y hazte con hermosas mercancías, 
nácar y coral, ámbar y ébano 
y toda suerte de perfumes sensuales, 
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas. 
Ve a muchas ciudades egipcias 
a aprender, a aprender de sus sabios.
Ten siempre a Itaca en tu mente. 
Llegar allí es tu destino. 
Mas no apresures nunca el viaje. 
Mejor que dure muchos años 
y atracar, viejo ya, en la isla, 
enriquecido de cuanto ganaste en el camino 
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.
Itaca te brindó tan hermoso viaje. 
Sin ella no habrías emprendido el camino. 
Pero no tiene ya nada que darte.
Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado. 
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, 
entenderás ya qué significan las Itacas.
 (Constantino Kavafis)




domingo, 15 de enero de 2017

PaTerson, PateRson and PatErson

Paterson es una ciudad de Nueva Jersey, a unos cuarenta minutos de NY. Tiene un río que se llama Passaic, con puente de hierro y grandes cataratas. Allí nacieron el actor Lou Costello y nada menos que el poeta beat Allen Ginsberg. Según la Wikipedia, fue cuna de la revolución industrial norteamericana y se la conoce como Silk city por haber dominado la producción de seda a finales del siglo diecinueve.

Paterson es además el título de la última película de Jim Jarmusch y el nombre de su propio protagonista. La fui a ver el lunes. O quizás debo decir la fui a experimentar. La fui a incorporar en mi sistema de procesamiento neuromental y en mi estructura psicofísica. Me tragué sus lentas imágenes que se inoculan a la velocidad de un gotero de plasma y viví su eterna semana de marmota adherida a Paterson, el poeta conductor de autobús, como si yo fuera su pequeña sombra siamesa.

Nos despertamos temprano junto a Laura, la  mujer en blanco y negro, y nos vamos a paso lento hasta la cochera del autobús. Paterson anota en un cuaderno la poesía que encuentra en una caja de cerillas. El autobús discurre como un gigantesco objeto poético por el espacio realista, sucio y fantasmagórico de la ciudad llamada Paterson. El tránsito interior está formado por personajes que funcionan como trances líricos y la geometría exterior de calles desniveladas te sumerge en un inquietante hiperrealismo onírico. De vez en cuando gruñe Marvin, el bulldog de Laura, y rompe uno de los muchos binomios en el universo dual que habita Paterson: las parejas de gemelos, el blanco y el negro, la mañana y la noche, el puente y el río, o el poeta William Carlos Williams. En esta cinta todo aparenta ser mínimo, simple, circular y prosaico: la estructura temporal de siete días, la circularidad de los itinerarios, el tono de melancólica comedia, la reincidencia de los actos. Sin embargo, la lucidez sensitiva de Jim Jarmusch elabora una escurridiza poesía con leves variaciones de la rutina y sutiles juegos simétricos. Aunque tal vez la poesía no se elabora, sino que se descubre. Quizás nos espera con su etérea trascendencia sin que sea relevante quién la manifieste. En todo caso, un nombre puede ser una ciudad, una película o un conductor de autobús.

Esta vez, la poesía la cazó un tal Jim Jarmusch.   

jueves, 17 de noviembre de 2016

CoNTorNoS en SeAlquila/Margen

CONTORNOS, colección de videopoemas creados por Sebastián Bayo Oñoro y yo, fue seleccionado para participar en la VI edición de SeAlquila/Margen, muestra efímera de Creación Contemporánea para espacios en desuso. La muestra tuvo lugar en el Auditorio de la Casa de Campo de Madrid, los días 11 al 13 de noviembre.

Enhorabuena y ánimos a los organizadores, participantes y público de SeAlquila/Margen por esta iniciativa que revitaliza y dignifica el tejido muerto de la ciudad. Colaborar con el arquitecto y artista SBO ha sido estimulante y enriquecedor. Muy agradecida por formar parte de este proyecto y encantada con la experiencia.

CONTORNOS se estrenó en mayo 2015 dentro del Festival de Poesía "Poetas en Mayo" de Vitoria-Gasteiz.




lunes, 7 de noviembre de 2016

mAnifiEsTo y OrACióN



“La guerra (Πόλεμος) es el padre de todas las cosas y de todas las cosas rey”. Dijo Heráclito pensando en el devenir, en el cambio, en el flujo, en el retorno, en la transformación y en la armonía. Pues no habría armonía, reflexionaba Heráclito, si no hubiese agudo y grave, macho y hembra, oposición de contrarios.
“La guerra es el rey de todas las cosas”, resumieron y aplicaron los guerreros, convirtiendo la historia de la humanidad en un cruento campo de batalla. Pero ni Heráclito, ni persona alguna que utilice el logos, puede desear que la oposición de los contrarios naturales dé lugar a la violencia, sino a la alternancia. (Εναλλαγή).
Porque la naturaleza no hace la guerra. Hace la variación.
La guerra no vale.
Al día le sucede la noche y, tras la noche, llega de nuevo el día. Ni la noche mata ni el día muere. Ambos se alternan para revitalizarse y reafirmarse. Son caras de la misma moneda. Giros cósmicos. Desplazamientos. Como las fases de la luna. Como el método del barbecho. Como el sistema democrático.
La guerra (Πόλεμος- pólemos) no es el motor del cambio. Es el palo en la rueda.

No es la muerte lo que hay que ponderar, sino la vida. Siempre la vida con su multiplicidad y sus ciclos completos. La guerra entre contrarios no vale. Porque empobrece, porque rompe los ritmos, los cómputos y la armonía suprema. De hecho, hasta el mismo Heráclito se contradijo afirmando:

“En los mismos ríos entramos y no entramos, pues somos y no somos los mismos”.
 (ποταμοῖς τοῖς αὐτοῖς ἐμβαίνομεν τε καὶ οὐκ ἐμβαίνομεν , εἶμεν τε καὶ οὐκ εἶμεν τε).


"Refugiados" -Oración en mitad del campo-

Existe una explanada que es un páramo frío

bajo la estrella muerta de la noche.

Allí viven los topos y un pueblo sin futuro
que reza entre el latido y el vacío.

Dame la mano y tira
de mí hasta llevarme a una montaña del cielo,
a una nube llovida donde pisar un charco limpio,
a los puentes de cristal que cruzan entre tú y yo.

Loco hay que ser para mirarme, para escucharme y curarme.
Porque estoy en el infierno y tú te salvas cada día.
Te duermes cada día antes de despertar y poder verme.
Todo pasa a la vez y los ángeles no veis más que la suavidad.

Dame la mano y tira
de mí hasta lo más profundo de tus ojos
para que llores al menos alguna de mis lágrimas
y tú puedas creer por un instante sólo
que tu alma no ha muerto en un confortable letargo.

Tal vez quieras llevarme contigo al cielo lleno.
Llevarme al cielo lleno de las cosas que sobran.
Porque tú perteneces a la gloria
que cumple los antojos antes que los deseos.

Dame la mano entonces
para que yo pueda entregarte mi necesidad.
Para que pueda regalarte mi sueño.

Te llevaré al cielo lleno de la noche
en el que no caben más estrellas,
a los charcos de barro donde nos convertimos en hombres,
a los plásticos azules bajo los que morimos antes de vivir.

Somos niños de ojos más grandes que mendrugos,
madres que miran a la nada como queriendo creer en los dioses,
hombres que darían su corazón por no tener que pelear.

Dame la mano entonces
para que yo pueda guiarte por el laberinto de barracas,
por el hambre que aleja el horizonte
y por la anatomía de la desolación.
Te mostraré la hermosa noche fría del desierto
y mi sueño, tan lejano, puede ser también el tuyo.


Publicado en la antología “Refugio”, Vitoria-Gasteiz, 2014

lunes, 12 de septiembre de 2016

POst DE FinAL De vERanO

En mis veranos interplanetarios, la densidad de los estímulos es comparable a la contabilidad de las estrellas. He atravesado paisajes galácticos donde las luces llueven bajo los pies y la velocidad crea mundos impresionistas. Son lugares donde no he podido estar porque me los había tragado antes, porque entran en la digestión y te habitan más que ser habitados. Mundos vegetales cuya composición son los robledales, los hayedos y los bosques de coníferas: pino silvestre y abeto junto a los arcenes punteados de jara. Pasamos por sus lindes como un cometa de las vías interestatales y ya nunca sabremos qué había dentro de ese bosque: ¿elfos, trasgos, kodamas, marcianos, una pareja de enamorados, un señor haciendo pis, Big Foot, Hagrig, Aragog? Los puentes segmentan las autopistas y todos te miran desde sus ojos pétreos, aterrados porque saben que vas a inyectarte en ellos. Derramadas sobre las colinas, las ciudades industriosas contemporáneas exhiben como una joya limpia su corazón tal vez muerto. Y cuando llego a mis destinos, a las plataformas donde flotan mis microuniversos, todo deja de deslizarse y fluir y alcanza una inquietante parálisis donde me embargan las emociones y los significados. Porque en esos tiempos abiertos a la cálida y luminosa excepcionalidad de los veranos, recobro a mis familiares de dos lenguas, dos sistemas límbicos, dos epopeyas…; recupero a mis amigos con sus sonrisas curativas y sus ojos láser en forma de espejos mágicos; refresco las palabras que apuntalan los dominios como pequeños pendones: Bordeux, Aire de Manoire, Perigord, Dordogne, Durlach, Walzbachtal, Siezenheim…

Hoy puedo dar las gracias a los planetas que nos rondan, a los seres que nos abrazan y al tiempo que nos regurguita. Porque hoy me encuentro envuelta todavía en la compleja densidad del tránsito, protegida por la liviana fugacidad del verano y la uniformidad que imprime el calor. Y es que en las horas revueltas veraniegas nos mezclamos parias con herederos, los exiliados con los potentados, turistas con proveedores…, porque todos estamos morenos y llevamos chanchas y camisetas cutres. Sin embago, muchos regresaremos a nuestra zona de confort para vestir el uniforme propio de nuestro presente, en tanto los desterrados seguirán buceando entre territorios ajenos, arrastrando las mismas chanclas y consumiendo por adelantado la suerte que necesitarán en el futuro. A ellos, por razones y leyes sólo aplicables en este pequeño planeta prepotente,
la Fuerza no los acompaña.

miércoles, 6 de julio de 2016

sObre la imPOrtancia del PoetA, eL lecTor y eL escUChadoR

El verso se trabaja como se trabaja el vidrio: debes promediar las temperaturas, emplear la química del color y la alquimia de la transparencia. Para escribir un poema, hay que alcanzar el punto de maleabilidad, el punto candente. Pero una vez compuesto, el poema es un objeto frío. Y el poeta es un muñeco roto. El lector es quien vivifica al poeta y quien revitaliza el poema. Le da ritmo, melodía, armonía y alma nueva.

Por eso, tan  importante como el buen poeta es el buen lector, o lectora. El buen escuchador. O escuchadora.

Regalo de los pájaros.  A. M


jueves, 16 de junio de 2016

La tArdE de iTZiar

Itziar Mínguez Arnáiz vino a traernos su poesía la tarde del 20 de mayo, dentro del Festival de Poesía "Poetas en Mayo-Poetak Maiatzean". Itziar ha escrito una obra sólida y coherente que se concreta en siete libros y muchos premios. Es poeta y narradora, trabaja como guionista de televisión y estudió derecho en Deusto. 
Itziar Mínguez Arnáiz
Este es un pequeño fragmento de la presentación que de ella hice en el Museo de Arte Contemporáneo "Artium". Un honor y un placer para mí: 

"..En todos los libros de Itziar Mínguez encontrarás su palabra ligera, precisa, deconstruída y transparente como una escultura de hielo. Una fórmula poética que tiene elementos del postismo de Ory, de la poesía concreta de Viena, de la poesía de la claridad que inició Lorca, del atrevido Parra o de la nueva poesía japonesa. Yo sólo sé que Itziar Mínguez pone la mirada en “lugares” emocionantes. Y una vez allí, observa los detalles, los movimientos leves, los materiales frágiles, a veces de derribo, con mimo, con una especie de cariño simpático. Tiene una técnica basada en la coherencia y en la ternura analítica.
Sus libros nos cuentan la cotidianidad de los habitantes del asfalto con una profunda economía expresiva. Nos cuentan la vida como desde una moto en marcha. Su poesía es conciencia urbana ("de chamarra negra", como dice Cristina Martínez). Esa conciencia que escribe, disecciona, radiografía y muestra instantáneas precisas, de alta resolución. Todo esto hace que la poesía de Itziar Mínguez apele a la emoción, a la precisión, a la sorpresa y también a la convicción. Digamos que te emociona, te sorprende y te convence. Las tres cosas..."




domingo, 22 de mayo de 2016

LoS LiBros vuELAn En LaS LibreRíaS

Fotografía de MªÁngeles Rosado
El libro es un artefacto explosivo e imaginativo que tiene ahora 567 años, cuatro meses, cinco días, tres horas y dos minutos y medio.

Todos sabemos que el libro está formado por hojas. Hojas que se elaboran mediante procedimientos alquímicos. Las hojas del libro tienen forma de alas. Alas grandes, pequeñas, espesas, descarnadas, de fibra vegetal, de paja, de madera o de trapo; que, según su grosor o densidad funcionan como las alas de un aeroplano, del águila, del buitre, del vampiro, del gorrión, del ángel, del mosquito.

Por eso decimos que el libro es un ente volador.


En cuanto te ve, el libro salta a tus manos desde sus elevadas estanterías, desde las nubes, desde el siglo de oro, desde el 221B de Baker Street, desde la sórdida habitación de Raskólnikov, desde el nido del cuco, o desde el techo tibetano del mundo...
Fotografía de MªÁngeles Rosado


(En la librería Jakintza, de Vitoria-Gasteiz. Lunes 16 de mayo. Una acción poética dentro del Festival de Poesía "Poetas en Mayo".) 

miércoles, 4 de mayo de 2016

HARUKI MURAKAMI Y LoS UNIVeRsOS DE viDRiO

 Marc Chagall

Voy a intentar hablar acerca de una forma de escribir.  Me refiero a una forma diáfana de pensamiento sintético imaginativo y espacioso como un edificio de cristal muy iluminado en el que se desarrolla una tragedia misteriosa. Porque ya se sabe que la escritura es pensamiento. Y el pensamiento es una incursión lineal en la oscuridad de lo abstracto. Pero si alguien toma la delantera y te conduce como en una expedición por una metrópolis de arquitecturas diáfanas; y si ese alguien te explica, como en una visita guiada, los referentes emblemáticos; y si su discurso es descriptivo, efectivo y sugerente; entonces todos seguimos a ese alguien como el turista al cicerone o como las ratas al flautista de Hamelin. Este es el modo en el que actúa el japonés Haruki Murakami. Y así son los libros que escribe. Nadie como él te hace comprender que la imaginación no tiene limitaciones, aunque sí fórmulas lógicas. O lógicas que resultan de una fórmula. Por ejemplo, la línea maestra de sus novelas la marca una fantasía que recibe adherencias de la realidad cultural, emparejamientos de lo abstracto y lo concreto de manera que no resulten disyuntivos, o frases que son un compendio filosófico y poético ligero como el haikú.

La lectura de las novelas de Murakami (cito como ejemplo “Kafka a la orilla” o “El año de peregrinación del chico sin color”) te hace sentir una extraña y sosegada energía psíquica que emana del aparato sensorial. Más que visualizar, experimentas; y más que comprender propuestas, se desencadena tu propio pensamiento en secuencias cada vez más sutiles, más abiertas y pluridimensionales. En algún momento de la lectura, ya no es posible romper la simbiosis, el encabalgamiento intelectivo entre lo escrito y lo interiorizado. La pregunta cómo acaba la novela es sustituida por el deseo de que nunca acabe. Hasta que llega el momento en que una silueta querida se desdibuja ante tus ojos tristemente (o, intertextualizando una frase de Murakami en Kafka a la orilla: la fórmula mental “se disipa de tu lado como una silenciosa columna de humo”).
Y cuando se cierra el libro caes desde un universo de vidrio a otro de barro.


lunes, 14 de marzo de 2016

SieTE aÑOs De MIROnA

Figures and dog in front of the sun.
Joan Miró

Ver el huevo es imposible:
el huevo es supervisible
como hay sonidos supersónicos.
Clarice Lispector

Digamos que tu papel consiste en mirar, pero no desde fuera. O no siempre desde fuera. Miras estando dentro. Miras y te miras mirando. Eres como escribió Nabokov en su buhardilla de la avenida Luitpoldstrasse de Berlín: “un gran ojo, ligeramente vidrioso, algo inyectado en sangre, fijo.” ¿Y qué miras? Miras de todo. Empiezas por un detalle, otro y otro, y te terminas el plato. Siempre hay algo que mirar. Mirar con los ojos que abre el cerebro. Mirar con los ojos que abre el corazón. Ponerlos de acuerdo. Y, cuando sea posible, mirar también con el estómago, aunque se muera de asco. Tu papel en el mundo es el de mirona. Miradora. Mirante. No siempre admiras. No siempre remiras. Simplemente miras. No te consideras mera espectadora, puesto que aspiras a formar parte del espectáculo. Deseas conservar tu papel de miradora dentro del perímetro. Mirando se desmonta la persona al completo, se despieza y se ensambla, se esparce y se coordina. A quien mira, Dios le ayuda desde por la mañana. Dios, por decir alguien. En última instancia, eres tú quien se ayuda. Se autoayuda. Porque mirar es de humanos. Por eso miras para todos lados y desde todos los ángulos. Miras escudriñando, rastreando, promediando. Miras con los ojos múltiples como un ejército de moscas. Miras con los ojos redondos y dulces, como hacen los niños. Miras con los ojos ácidos de las agitadoras.  Miras desde un puente de la autopista como hacen los jubilados. Miras a machetazos como hace el explorador.  Miras desde detrás de unas pestañas quilométricas, como hacen los sujetos seductores.  Miras y ¿qué ves? “Ver el huevo es imposible”.  Entonces miras a pesar de no ver el huevo. Miras con la obstinada abnegación de Vladimir Nabokov, con la astucia desorientada de Clarice Lispector, con la ingenuidad cósmica de Joan Miró (mirador, mirante). Miras siete años y luego otros siete y luego otros siete… Parece poca cosa mirar, pero qué esperas no mirando. Y ahora lee este poema:

MIRÓN

Joan
miró la vida
de colores
primarios
secundarios
y complementarios

Joan miró
la caligrafía
de las constelaciones

Joan miró
y remiró
sin pronunciar palabra
Ni “mu”

Mirón
Joan miró
e interpretó
formas elementales

Miró
Joan
mirón
mirador
mirante

Al menos Joan
miró

domingo, 7 de febrero de 2016

EStraTEgaS Y COmPRobADOrES

Imagen: Jaime Giménez de Haro, "La noche". Ed. V.Orenga
Antiguamente se hablaba del libre albedrío. Un concepto moral sobre la libertad de opciones. Algo así como si el mundo estuviera parcheado de indicadores y cada cual pudiera orientar sus pasos según sus preferencias o aversiones. Ahora tenemos tantas señales que no sirve ninguna. El sistema binario se ha caído y los links con la realidad nos arrastran por un laberinto de senderos que se bifurcan infinitamente. El libre albedrío es una falacia viejuna que no nos ayuda a elegir en nuestro ecosistema poroso e inestable. El bien y el mal definen perfiles literarios o mitológicos (elfos y troles), pero no sirve para fotografiar a nuestros contemporáneos. El sistema binario adquiere un ADN digital y los paradigmas de contrarios tienen los días contados. Por eso no dejemos para mañana el placer de hablar de lo bifactorial, contrastivo y polarizado. Antes de que nos disolvamos en la complejidad.
Dualidad Estrategas-Comprobadores: Hay gente que sirve para desarrollar estrategias expansivas y gente interesada en comprobar hipótesis nulas. Los estrategas son briosos, potentes, persiguen metas y se plantean retos. A veces actúan en solitario, como cazadores furtivos, y otras se reúnen en cuadrillas, o incluso ejércitos, para capturar a sus presas o abatir a sus enemigos. Rastrean con su mirada, otean, promedian.  Emplean toda clase de utensilios, productos y herramientas de cálculo para optimizar sus ejecuciones; lo cual los convierte en amantes de la tecnología, la reglamentación, la industria química y el álgebra de Boole.  Los comprobadores de hipótesis, por el contrario, son dependientes de la curiosidad. Lentos, fantasiosos y aparentemente torpes, imaginan, indagan, recolectan datos, cotejan, reflexionan y nunca irrumpen en los contextos puesto que los consideran laboratorios. Actúan en solitario o en tándem, discretamente, casi subrepticiamente, muy centrados en acontecimientos pasados, situaciones inesperadas, individuos específicos o claves y códigos que les resultan llamativos para resolver enigmas.
Desde estas dos modalidades de reconocimiento de la realidad, los unos intervienen, alteran y logran; siempre justificados por su naturaleza vehemente y nunca contritos por las consecuencias de sus actos. En tanto los otros observan con asombro, deleite o dolor, tratan de averiguar y comprender los procesos, hechos, eventos, dinámicas, reacciones; analizan pequeñas porciones de tejidos, substancias, materias y efectúan cálculos milimétricos para deducir pautas o evidenciar patrones. Si un comprobador le advierte a un estratega sobre un peligro o consecuencia indeseable, el estratega interpreta su advertencia como cortapisa e incluye al comprobador en el círculo de sus enemigos o adversarios. A partir de ese momento estará en su punto de mira y puede ser blanco de su ataque.
De este desdoblamiento de especies se deduce que deberíamos actuar en comandita si queremos un mundo en condiciones óptimas. Sería algo así como una empresa en expansión con departamento de impacto medioambiental. Algo como un nuevo orden tanto emprendedor como analítico, tanto vigoroso como armónico.
Pero todo tiene ya su dueño. El suelo está parcelado. Y también el cielo. Las ciudades están llenas de hidalgos (hijos de algo) que defienden sus señoríos. Dondequiera que pises, violas una frontera invisible y transgredes una ley no escrita. Eso lo saben los comprobadores pero no los estrategas, ya que estos se ocuparon de diseñar las reglas sin respetarlas, de preservar sus feudos sin declarar ingresos y de atesorar excedentes en las islas Caimán.  Lo integral, lo solidario, lo conforme a la lógica del equilibrio sólo produce sobrecostes. La materia gris de los comprobadores se considera un dispendio para el sistema. Se tolera, aunque quizás fuera mejor erradicarla.

Aquí lo dejo. Tal vez no sea tan mala idea buscar contrarios para encontrar síntesis antes de que la realidad se disgregue. Quién sabe. 

jueves, 28 de enero de 2016

AMarAnTA, O TaL VEz TÁbATA



Tal vez fuera su nombre Sibila o Anastasia, o Dunia, o Amaranta; en todo caso un nombre novelesco. Era una mujer híbrida, lo que hoy se entendería como mezcla  photoshop de Irene Papas y Capucine. Vestía sencillo desmangado negro y calzaba bailarinas verde botella a juego con pañoleta. Nunca abandonó su enorme bolso que portaba al hombro con equilibrio de kore. Ella era la guía turística que nos condujo por el museo de la Acrópolis, por sus laderas translúcidas, al igual que la mismísima Atenea conduciría a su pueblo por la ciudad estado antes de la romanización. Las piedras cobraban vida con su verbo, las sombras filosóficas acudían a corporizarse, las korei sonreían más que nunca y las cariátides bailaban alzando los brazos por encima sus cabezas. Ella, Helena, Casandra, Cenobia… era la Grecia de piel deshidratada y memoria efervescente. Ella recompuso la historia para nosotros. Nos la mostró como si el tiempo fuera de cristal. Anastasia, tal vez Amaranta puede que fuera su nombre.
Está bien, sí, hoy voy a hablar de Grecia, pese a quien pese. A mediados de Diciembre estuve en Atenas, y cuando digo esta frase me cambia el tono emocional. Es como un aleteo dentro de la cabeza. Algo ligero y cálido. Y eso es el recuerdo de una experiencia que comenzó apenas en el aeropuerto de Eleftherios Venizelos (Ελευθέριος Βενιζέλος) al ver escrita la palabra Έξοδος (salida) y comprender como en una iluminación la riqueza, la belleza de las palabras primordiales, el sentido primero de la materia de la que está hecho nuestro entendimiento. El problema de los griegos no es de carencia, sino de abundancia. Dejaron de tener las prebendas pero nunca dejarán de poseer las claves (κλειδί).
Claves de una realidad que ya fuera meditada, premeditada quizás, intuida y guardada en las mágicas burbujas de las palabras. Los sabios peripatéticos pisaron con sus abarcas  aquellas mismas losas y leían las estrellas desde un punto donde ahora están las tabernas de Plaka, la Monastiraki con sus tiendas de souvenirs y la iglesia bizantina de Pantanassa, o el barrio de Anafiotika con sus casitas blancas y azules encaramadas a la Acrópolis. Ellos, los griegos atenienses insuflaron en las claves el sentido primigenio, la verdad que nos sustenta… Atleta, erótica, academia, histeria, zoología, idea, humor, morfina, museo, fósforo, ironía, metodología, tragedia, maratón, metáfora, pánico, economía, sarcasmo, música, hermético, cromático… Tantas κλειδί para Europa y luego para el mundo.
Sumirse en Europa, en su desfachatez, en su falta de memoria y de retentiva histórica, eso es lo que se hace cada día, lo que hacemos todos y cada uno de los ciudadanos europeos en cuanto caemos en este gran bote de mermelada para niños capitalistas. Europa, una señorona que ha olvidado a su abuela ancestral y la abandona a su decrepitud culpándola de vicios y ociosidad, de falta de austeridad (αυστηρότητα), de falta de sistema (σύστημα), de falta de disciplina (πειθαρχία). Ella, la que inventó la ética, la práctica, πρακτική, la dialéctica διαλεκτική, la terapia θεραπεία y la salida (Έξοδος).
Sí, la salida de esta paradoja (παράδοξο) de Europa, la jovencita que padece demencia senil, demencia geriátrica (Γηριατρικής,) demencia prematura y olvida sus orígenes arcaicos (αρχίζοντας) y abraza la elegante desfachatez dorada. Esa fórmula imperante que te hace vivir en dos piso: arriba estás tú llevando una existencia standard y abajo, en un sótano sin lámpara (λάμπα), sin aire (αέρας) estás tú también, como olvidándote, mal alimentada. Pasando penurias del espíritu. Flaca.

Grecia nos habló a través de una guía turística que se llamaba tal vez Tábata. Tal vez Ofelia.